Va quedando menos para el inicio del verano, fijado para el próximo 20 de junio, aunque el calor ha empezado a apretar ya en distintas partes de España alcanzando los 30º. Así el chapuzón se presta ya necesario.

Muchos municipios disfrutan de este ansiado privilegio con la apertura de playas en la fase 2 de la desescalada,  pero para los habitantes del interior de la meseta se complican las posibilidades ya que abrir o no las piscinas comunitarias sigue en el aire. Estas podrán abrir cumpliendo los requisitos sanitarios y de aforo establecidos por el Gobierno, además el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) hizo público a comienzos de mayo un estudio sobre la transmisión del COVID-19 en playas y piscinas en el que sostiene que es “muy poco probable” infectarse por estar en contacto con el agua durante las actividades recreativas. Vista las opciones que nos quedan, una de las soluciones pasa por montar la piscina en casa, pero ¿cómo podemos hacerlo de una forma sostenible?

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Muchas personas son reacias a esta idea por el gasto de agua que supone, aunque sea una piscina diminuta, pero el gasto o malgasto de agua es real. Además, instalar una piscina en casa repercute en nuestro bolsillo. Para hacernos una idea: En 2019 el precio medio en España de un metro cúbico de agua era de 3,52 € con IVA incluido. Así que, para una piscina de 8 x 4 metros el gasto sería de unos 170 euros. A esto hay que sumarle los gastos de cloro, productos antical, productos para equilibrar el pH, etc. Conclusión: es una opción cara y contaminante.

¿Son las piscinas naturales la solución? Estas se caracterizan no sólo por su belleza si no también por lo agradable de su baño, sin ningún tipo de producto químico, considerándose piscinas sostenibles o piscinas ecológicas. En lugar de usar cloro se usan plantas para depurar el agua, siendo un sistema respetuoso para el medio ambiente y también para la salud, según anunciaron distintos portales de Internet. Sin embargo, desde el año 2013 se viene advirtiendo de que las piscinas naturalizadas también se contaminan, por lo que científicos de la Universidad de Barcelona llegaron a recomiendan investigar el alcance del problema “y determinar los parámetros microbiológicos que aseguren la salud de los bañistas”. Aún así, las piscinas naturales son una opción más sostenible para el medio ambiente que aquellas que usan cloros y otros productos de mantenimiento; las primeras se limpian con plantas flotantes u otras arraigadas al suelo. Lo cierto es que esta opción no está al alcance de todos ya que se necesita un espacio amplio donde recrear el estanque artificial.

Como vemos es complicado encontrar el equilibrio entre ‘piscina’ y ‘sostenible’, por eso la mejor recomendación pasa por el remojón a punta de manguera o la instalación de duchas en el jardín, terraza o azotea que nos ayude a combatir el calor. En el mejor de los casos y para los más pacientes, julio está a la vuelta de la esquina y ya podremos desplazarnos a las costas españolas para disfrutar de la ansiada playa.

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