¿Alguna vez te has preguntado por qué pagas más la moda sostenible? O quizás simplemente busques comprar moda barata y no te imagines qué hay detrás de esta industria. 

Aunque pasados unos años de su estreno, pude ver el documental TheTrue Cost, del director  Andrew Morgan, estrenada en 2015,  A Madrid llegó en 2016 y movilizó tanto a industriales como a consumidores. 

El documental muestra el impacto humano y el impacto ambiental, a nivel global, de la industria de la moda barata o fast-fashion.

Relata el proceso de producción desde sus inicios, con la elección de las materias primas, el teñido industrial, hasta el descarte de las prendas en desuso, pasando por la manufactura y el traslado. 

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Pone en pantalla a trabajadores, empresarios y activistas ambientales que aportan datos, aunque las imágenes, en algunos casos, son suficientemente impactantes. 

Pero aún siendo conscientes de todo esto ¿qué nos pasa a la hora de elegir nuestra ropa? ¿Estamos listos para pagar una camiseta 20 euros en lugar de 5? 

Como consumidores de artículos de moda, damos cada vez más importancia a la elección de las materias primas o solemos preguntar sobre dónde o en qué condiciones se han fabricado las prendas. Pero…

¿Estamos realmente preparados para pagar más la moda sostenible?

Investigando el tema, encontré esta respuesta de boca de Adam Mott, director de sostenibilidad de The North Face, que afirma que ¡no!  

Asegura que…”aunque los consumidores dicen preocuparse por la sostenibilidad, esta no es una prioridad cuando compran ropa, ya que en este tipo de compras se guían principalmente por el precio y la moda”.

Y llegó a esta conclusión después de haber creado una chaqueta confeccionada con materiales y mano de obra local. 

Al no recurrir a las cadenas de la industria textil de Asia, el resultado final fue un producto de precio más elevado. Y no obtuvo los resultados de venta esperados. Los consumidores, si bien reconocieron el valor añadido que aportaba la fabricación local y los certificados de sostenibilidad aportados, no aceptaron pagar más.

Entonces…

¿Quién paga la cuenta para que podamos comprar ropa a tan bajo costo?

La mano de obra barata proviene del continente asiático donde las condiciones laborales son intolerables.

La globalización permite que toda la cadena de producción de ropa provenga de zonas remotas donde no es considerado ni el impacto social ni el impacto ambiental provocado.

En síntesis, la cuenta que no aceptamos pagar como consumidores, la está pagando el planeta y las personas con escasos recursos económicos, que no pueden elegir. 

En 2014, la muerte de más de 1000 trabajadores de la industria textil en el derrumbe de un edificio en Bangladesh, impactó al mundo. 

Y la presión pública para mejorar las condiciones laborales se impuso, y se lograron algunos cambios. Pero, como parte de esos cambios implicaron un alza en el sueldo de los trabajadores, Bangladesh dejó de ser un mercado interesante. 

Y la industria textil se movilizó hacia otros lugares. Así la presión cayó sobre Etiopía, donde el propio gobierno destaca los bajos costos laborales como si se tratara de algo digno de valorar.

Algunas marcas minoristas, como respuesta a las peticiones de transparencia, comenzaron a publicar sus listas de proveedores. Pero el cambio es muy lento. El planeta y las sociedades, claman por más.

Al costo social hay que sumarle el costo ambiental

Una de las materias primas para la industria textil es el algodón y ya hemos hablando en otra nota sobre el impacto de su cultivo industrial. 

La industria del algodón es considerada la segunda más contaminante después de la del petróleo, y su cultivo requiere mucha agua. 

Por otro lado, los tintes químicos producen un alto impacto ambiental esparciendo partículas tóxicas en el aire y ensuciando las aguas de mares y ríos. 

Pero si la elección de la materia prima cambia del algodón al poliéster, resulta igual de contaminante, ya que su industrialización produce una huella de carbono mayor. A la que hay que sumar la del transporte desde zonas remotas al lugar de su comercialización.

Quizás debamos volver hacia el tiempo en el que la confección era más casera, lo que también obligaba a tener menos ropa y aprender a transformarla. Lo que tantas veces definimos como las tres erres de la sostenibilidad: reducir, reutilizar y reciclar. 

Ahora que ya sabes por qué pagas más la moda sostenible ¿qué piensas al respecto?

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