El sector de la moda se enfrenta a uno de sus mayores retos: dejar de ser la segunda industria más contaminante del mundo. Aunque más que un reto, de momento, parece una tarea casi imposible ya que la industrial textil es uno de los pilares económicos del siglo XXI. Además, cada vez consumimos más y más gracias a la deslocalización de fábricas en países del sudeste asiático, principalmente China; esto ha revolucionado la forma en la que consumimos ropa a favor de la temida fast fashion

Pero, ¿nos hemos preguntado alguna vez cuál es la huella ecológica que deja nuestro atuendo? La ropa y el calzado que llevas encima tienen carga ambiental y están estrechamente relacionados con tu huella ecológica en la Tierra. Esto es el indicador que revela el impacto ambiental que producen las actividades humanas sobre los recursos existentes en el planeta y la capacidad ecológica de este para regenerarlos. 

Según destaca el holandés Arjen Hoekstra -padre del concepto de huella hídrica- desde la web de Sostenibilidad.com, estima que en la fabricación de una simple camiseta de algodón de 250 gramos se emplean unos 2.900 litros de agua. Ahora es momento de acudir a nuestro armario, contabilizar las camisetas de algodón que tengamos y multiplicar por los litros de agua que se han gastado para su elaboración. ¿Cuál es el resultado? Simplemente con cuatro camisetas de fondo de armario sumamos la friolera de 11.600 litros por persona y seguramente que por año, pues la fast fashion no contempla una duración mayor para una prenda.

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Esta cifra sube hasta los 11.800 litros en el caso de unos pantalones vaqueros de un kilo. Si repetimos la operación y multiplicamos por tres pantalones vaqueros que cuelguen de nuestro armario el resultado es de 35.400 litros. Si seguimos sumando probablemente no tardemos en superar los 100.000 litros de agua por persona al año. 

Cada vez compramos más, pero dudosamente estas prendas tienen su origen en España, y pocas veces en Europa. Esto incide directamente en la huella de carbono que deja el transporte de mercancías textiles. Para hacerse una idea, China exporta bienes textiles por un valor anual de $150.000 millones (datos de How Much), seguido de Bangladesh y Vietnam, aunque estos están a años luz de alcanzar las cifras del gigante asiático.  Tales cifras, especialmente las de China, sólo se sostienen mediante una cultura del consumo que prioriza prendas baratas y de escasa duración frente a otras más duraderas. De esta forma la moda genera unos niveles de contaminación insostenibles, sobre todo en Asia.

Los problemas que afronta la industria textil, tanto a nivel inmediato como reputacional son variados, pero en términos individuales se puede contribuir más y mejor a reducir las toneladas de CO₂ que hay detrás de la industria textil. Algunos parámetros que se deben tener en cuenta:

  • Alargar la vida útil de la ropa.
  • Conocer los materiales con los que está elaborada.
  • Saber su procedencia.

La mejora medioambiental del planeta pasa por la responsabilidad individual de cada persona: si reducimos el consumo, contribuimos al comercio local, reutilizamos o alargamos la vida de nuestra ropa y calzado estaremos ayudando a rebajar las cifras de exportación. Un cambio en los hábitos de consumo es la única forma de desacelerar la fast fashion y, por consecuencia, reducir la huella irreparable que deja a su paso.

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