“Si ponemos la lavadora por la noche gastamos menos”. “La luz consume menos si la mantenemos encendida y no apagando y encendiendo constantemente”. “Apagar la calefacción consume más que mantenerla a una temperatura constante”. ¿Quién no ha escuchado alguna vez estas leyendas urbanas? Existen falsos mitos entorno al consumo energético de nuestros hogares, sobre todo en invierno cuando se dispara la factura de la luz. Lo cierto es que muchas de estas leyendas que se han pasado de generación en generación pueden crear el efecto adverso, tanto para nuestro bolsillo como para el medio ambiente

Según datos publicados en Europa Press el pasado invierno, los hogares españoles se gastan de media 322,74€ mensuales para calentar sus viviendas, un coste ponderado a los cinco meses más fríos (noviembre a marzo) y que dispongan de calefacción eléctrica, aunque estos datos varían en función de los metros cuadrados de la vivienda. ¿Cómo podemos ahorrar electricidad? La temperatura de confort está entre 20º y 22º, así que por cada grado de más, el consumo de calefacción aumenta un 6-8%. Además, si disminuimos la temperatura entre las 22:00 y las 06:00, horas en las que el calor se encuentra en el ambiente después de todo el día, se podría recortar el consumo eléctrico en torno a un 13%. Otro aspecto que debemos tener en cuenta es el material de nuestras puertas y ventanas, así como un aislamiento eficiente. Según afirman las compañías eléctricas, aislando correctamente las ventanas podemos ahorrar hasta en torno a 96€ por año.

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Otra cuestión a la que no solemos atender pero que encarece nuestra factura energética es lo que se conoce como ‘standby’ (aparatos o electrodomésticos en reposo). Nadie se va a arruinar por mantener en standby un aparato, pero las pequeñas fugas energéticas suman  y hacen un total que a ninguno nos gusta ver reflejado a final de mes; es más, según IDAE, el ‘standby’ representa un 10,7% del consumo total de la vivienda. Para controlar este gasto podemos acudir a la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) que dispone en su página web de una calculadora en la que se detalla el tipo de consumo de cada aparato que mantenemos en modo de espera, el gasto que genera al año y el CO2 que se produce con el uso del standby.

Utilizar bombillas LED o de ‘bajo consumo’. Es cierto que resultan más caras que las normales, pero no sólo utilizan un 20% de la energía, sino que también duran más, por lo que hacen nuestro hogar sostenible. Para hacer una idea, según sus creadores “pueden durar hasta 100.000 horas en comparación con las 1.000 de las bombillas incandescentes y las 10.000 horas de las fluorescentes”. También resultan menos contaminantes para el medio ambiente al no contener nada de mercurio.

Existen multitud de pequeños consejos que podemos aplicar a nuestra vida diaria y que nos ayudan a reducir el consumo: 

  • No hervir más agua de la que necesitamos.
  • Fregar los platos con guantes y así evitar poner el agua caliente.
  • Utilizar velas cuando deseemos una luz más tenue. 

Atendiendo a los datos detallados y los trucos más rudimentarios conseguiremos un ahorro en nuestra factura de la luz.

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